“A 200 años del primer grito de independencia, los salvadoreños recordamos el momento en el que sonaron con ímpetu las campanas de la iglesia La Merced como muestra de la necesidad de libertad que reclamaba todo el pueblo, libertad que se ganó a base de lucha, sangre y un deseo implacable de proclamar victoria sobre los opresores”.
Durante el siglo XVII, nuestro territorio salvadoreño estuvo dominado por dos grupos, el primero, la Capitanía General cuyo poder provenía de Guatemala y el segundo, un grupo élite formado por criollos y ladinos dirigentes de la “Intendencia de San Salvador”, que en ese entonces era la capital comercial más importante a nivel regional; este grupo exclusivo tenía el poder de la industria gracias al manejo del cultivo del añil y abarcaba doce de los catorce departamentos a excepción de Ahuachapán y Sonsonate.
Los indígenas fueron víctimas de la explotación que ejercían las colonias españolas, eran forzados a grandes jornadas de trabajo y a una mísera paga, además de vivir en paupérrimas condiciones.
A finales del siglo XVIII, sobrevino la crisis añilera y por ser San Salvador el punto central del comercio fue el que más sintió las consecuencias de ésta. Se desató el desempleo, la pobreza, creció la explotación del indígena, y por lo tanto, la presión de vivir bajo el poder opresor de dos dictaduras se hacía cada vez más insoportable; esto hizo que se comenzara a anhelar con fuerza la libertad.
Los pobladores de San Salvador, aprovecharon que estaban compuestos en su mayoría por indígenas y comenzaron a organizarse en contra del poder opresor, la primera idea fue separarse del poder proveniente de Guatemala creando un arzobispado en la región; sin embargo este plan fracasó, pero demostró que no sólo era una necesidad en cuanto a cuestiones religiosas, sino que trascendían a los aspectos económico, político y social.
El 5 de noviembre de 1811 los pobladores de San Salvador, liderados por un grupo de criollos encabezados por Manuel José Arce, José Matías Delgado y los hermanos Aguilar: Manuel, Vicente y Nicolás se convirtieron en los primeros en sublevarse contra el régimen implantado por las colonias españolas y la Capitanía General , juntos, llevaron a cabo un alzamiento que logró deponer a las autoridades coloniales e instalar nuevos dirigentes elegidos por votación popular.
La leyenda ha perpetuado a José Matías Delgado como el iniciador del primer grito de la independencia de Centroamérica, cuando con gran ímpetu, hizo sonar a las cuatro de la mañana las campanas de la iglesia nuestra señora de la Merced.
A pesar de los logros que se alcanzaron ese día, muchos de los ideales de los alzados no lograron concretarse, el más importante, la libertad aún continuaba en espera; sin embargo esto no dejó morir el ideal que se había instalado en el corazón del pueblo; por medio de anónimos los alzados se comunicaron con otros poblados y comenzaron movimientos de liberación aislados en todo el país y posteriormente, en Guatemala y toda la región.
Los sublevados de San Salvador deseaban enormemente la independencia de España, para poder asumir así la soberanía, además ellos se consideraban los guías que encauzaron los ánimos enardecidos de la población, lo que justificaba la creación de la junta Gubernativa. La legitimidad de dicha junta se enmarcaba bajo la religión cristiana, bajo las leyes municipales y bajo la superioridad de las cortes en todo lo justo.
En el transcurso del movimiento se plantearon objetivos concretos como la supresión de las alcabalas, (que fue el impuesto más importante del antiguo régimen en la corona de castilla sobre el comercio, y desde luego el que más ingresos producía a la hacienda real, pues aunque el diezmo era aún más importante, su perceptor principal era la iglesia, con participación del rey) y se buscó también la supresión de los estancos de agua ardiente y tabaco. Estas demandas sirvieron para que las masas populares se unieran a la rebelión.
El anhelo de liberación del pueblo salvadoreño no terminó con ese esfuerzo, la historia reconoce un segundo alzamiento importante siempre en San Salvador, el segundo grito de independencia en el año de 1814. Este estuvo liderado por los hermanos Aguilar; pero fue fuertemente reprimido por la Capitanía General y a partir de eso se comenzó una pública persecución contra los dirigentes de los movimientos y todos aquellos que participaran en ellos.
Ambos movimientos inspiraron las luchas posteriores y fue así como el 15 de septiembre de 1821, luego de haberse realizado diversas gestas independentistas, no solo en la provincia de El Salvador, sino también en el resto de provincias hermanas de Centroamérica, se firmó en la ciudad de Guatemala el acta que proclamaba la independencia de las Provincias de Centroamérica del dominio de la Corona Española , la anhelada libertad de un pueblo que a base de lucha y esfuerzo constante, sangre y sacrificios logró conquistar su soberanía.
Numerosos próceres fueron capturados y encarcelados por el régimen español, sin que podamos siquiera conocer sus nombres para la posteridad. Pero es nuestro deber honrar el sacrificio de los próceres anónimos y también de los que tenemos conocimiento. Un boulevard, no representa precisamente un orgullo patriótico, el famoso Boulevard de los Próceres, debería trascender a muchísimo más que eso, y el símbolo del Bicentenario como tal, no debería quedarse tan sólo en la imagen de Matías Delgado dando campanadas; la idea es crear y fomentar un orgullo patriótico, educar en valores cívicos de manera que un salvadoreño sepa y ame su historia, su pasado; que un salvadoreño pueda contestarle a un extranjero cualquier dato sobre el legado de sus antepasados. No es posible que un extranjero sepa más de historia nacional que nosotros mismos.
A 200 años de haber celebrado el primer grito de independencia nos preguntamos ¿Qué hemos logrado? ¿En realidad ha valido el sacrificio que se hizo en el pasado? ¿Las personas que murieron por un anhelo de libertad, estarían orgullosos de nuestra realidad actual? Hay muchas cosas que evaluar antes de emitir el comentario que El Salvador es un país libre y soberano, seguramente en muchos aspectos es así, pero habrán otras áreas en las que seguimos tan indiferentes e ignorantes, no hay duda que todavía podemos hablar que somos un pueblo que no ha alcanzado niveles de desarrollo y que no maneja políticas justas para crear equidad en cuanto a condiciones de vida se refiere.
Dios, unión, libertad; el emblema de nuestro pabellón nacional plantea los ideales de un pueblo que luchó hasta el final por un ideal plasmado en sus corazones. Hagamos honor a todos aquellos que entregaron su vida a este sueño de libertad, seamos “patria”; que esa idea no se limite a un territorio, a la bandera y nuestro hermoso himno, esos son elementos que la constituyen claro, pero hay mucho más que hacer para que podamos hablar de ciudadanos patrióticos; no es necesario que se hagan grandes obras, y aunque trillado, la idea que nos enseñan desde pequeños en las escuelas se adaptan muy bien a este concepto. Podemos hacer patria, respetándonos unos a otros, y velando por el cumplimiento de nuestras leyes, manteniendo limpias las calles y carreteras, creando buenas relaciones entre los vecinos, en fin, haciendo cosas sencillas pero que nos engrandezcan como personas.
En el marco de esta gran celebración, la alcaldía de San Salvador se está preparando para celebrar jubilosamente la conmemoración de estos doscientos años del primer grito de independencia con numerosas actividades.
La municipalidad, a través de la Comisión Municipal para la Celebración del Bicentenario del Primer Grito de Independencia, dirigida por Paulina Aguilar, ha desarrollado un plan que pretende incluso, restaurar los monumentos y sitios histórico destacados, como el campanario de la Iglesia La Merced y el parquecito San José; además ha reunido a un conjunto de connotados artistas, intelectuales, académicos y profesionales de nuestro país, que están trabajando en un variado programa de actividades religiosas, deportivas, educativas, culturales y artísticas dedicadas a todos los salvadoreños y capitalinos en particular.
La idea es que que el 5 de noviembre de 2011 sirva a los capitalinos para mostrar al mundo un nuevo modelo de ciudad.
Norman Quijano, Alcalde de San Salvador.
Unámonos al orgullo de ser salvadoreños y comencemos a participar de una nueva etapa en la historia del país, hagamos que el esfuerzo del pasado valga la pena y llamémonos realmente SALVADOREÑOS.

No hay comentarios:
Publicar un comentario